La Nutrición, base de la buena salud

La Nutrición base de la buena salud

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Innumerables son los libros y artículos escritos sobre la nutrición, o lo que debiera ser lo mismo, saber comer. Todos creemos comer bien y sano, sin embargo admitimos que en ocasiones nos saltamos aquello que nos creemos. Admitimos que  el género que llega a nuestras despensas, viene con todos “sus controles de calidad”, pero que no sabe igual ni tiene comparación con el mismo producto que se fabrica de forma artesanal en nuestros pueblos de origen.

Pero los ” controles de calidad “, nos aseguran (al menos ese es el mensaje que nos venden) que con ellos no tenemos riesgos de contraer ninguna enfermedad rara. Es paradójico, quienes enferman son los productos, ¡¡nosotros nunca !!, y por citar, enumeraría las vacas locas, la peste porcina, cuando no la equina, pollos adulterados, etc.

 

Gracias a esos ” controles de calidad “, no es preciso que nos mediquemos con antibióticos, ya que previamente, durante el crecimiento de estos animales, se les ha ido administrado buena dosis de antibióticos y hormonas, con el fin de favorecer su rápido desarrollo en el menor menores mermas por muerte posibles calidad ” que velan por nuestra salud, e hipócritas de nosotros nos abanderamos de dichos, a fin de conseguir un buen cociente de rentabilidad. Estos son los ” controles de productos envasados con un sin fin de potenciadores de sabor (vaya, vaya…), conservantes, colorantes, antioxidantes, emulgentes, etcétera, sintiendo que verdaderamente se esta velando por nuestra salud. Con todo respeto, habría que decir atentando, y de forma impune. Las exigencias del mercado en un sistema capitalista, implican que ciertos riegos son asumibles siempre y cuando las posibles ganancias superen en valor las posibles perdidas.

Si la pérdida es una cuestión de salud, para aquellos que hacen del monopolio alimenticio su negocio, esta perdida no les afecta puesto que son sabedores de ella.


Así, la manipulación genética se ha efectuado con impunidad desde hace años, y se ha ido introduciendo con la excusa de obtener mayores producciones y así erradicar el hambre del mundo ( cabe recordar que la producción mundial sigue siendo cuantitativamente la misma que hace 10 años, y que además los excedentes de los países desarrollados se siguen tirando al mar para mantener los precios en los mercados) y los efectos de dichas manipulaciones lejos de haberse previsto sus consecuencias, han llevado consigo alteraciones de sistemas ambientales, con variaciones de cepas mas resistentes, la desaparición de algunas especies de insectos, etc. y que concatenan una serie de cambios en los ciclos biológicos de la naturaleza con consecuencias imprevisibles.

 

Sin llegar al alarmismo ni al catastrofismo, la critica que desde aquí se vierte, es al fundamento con el que se toman las decisiones que afectan a la nutrición, (que lejos de ser por nuestra salud) la comprometen por una serie de valores en los mercados bursátiles.

 

La alternativa para poder invertir esta tendencia se basa en dos niveles de actuación. Por un lado, por las autoridades gubernamentales, poniendo coto a este desenfreno de consumo. El consumismo alentado por valores de rendimiento económico-empresarial, ha mermado todo cuanto antes se ha expresado. Evidentemente, en este aspecto el ciudadano poco puede hacer, excepto inclinarse por aquellas tendencias políticas que aboguen comprometidamente por estos aspectos.

 

Sin embargo sí que hay otra acción y que directamente es plausible por el ciudadano de a pie el realizar. Y es fomentar, participar y promover el consumo local. De este modo se rompería la tendencia globalizadora (sin intención de que esta no tenga su recorrido) que atenaza a toda la cadena alimenticia desde su producción hasta su consumo. En consumo de productos locales, ecológicos y sin apenas intermediarios, enriquece nuestra salud, la calidad nutritiva, y genera riqueza entre los productores directamente, algo que con la globalización se ha destrozado salvajemente.

 

Una tendencia local, obligaría a las grandes empresas a variar el modelo productivo, a adecuarse a las exigencias del mercado, y si la regulación fuera también administrativa, quizás, y solo quizás, podríamos acercarnos a cumplir uno de los objetivos del milenio que tanta boca llenó de compromisos a estados, y que tan decepcionantemente han incumplido.

Angel Expósito

Co-Fundador de la ATEC

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