Biodinamica Craneosacral

La Biodinamica Craneosacral

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El cuerpo cuenta una historia.
El cuerpo nunca miente, ya que su forma refleja quienes somos por dentro. Si llevamos la cabeza baja, tenemos los hombros encogidos, el pecho cerrado y los pies pesados, todo ello puede mostrar sentimientos de debilidad y resignación. Por el contrario, si portamos la cabeza erguida, los hombros abiertos, respiramos con facilidad y caminamos con paso ligero, todo ello indicara confianza y vitalidad. El modo en que nos presentamos ante el mundo está condicionado por nuestras creencias, miedos y emociones, y los tejidos corporales mismos adoptan una forma determinada para apoyar este estado mental. Tanto nuestros traumas físicos y psicológicos, y nuestras experiencias, como nuestros pensamientos y sentimientos mas profundos y nuestro carácter se manifiestan en el modo en que nuestros cuerpos adoptan patrones estructurales. Tal y como Marilyn Ferguson señala ” a lo largo de los años nuestros cuerpos se convierten en autobiografías andantes, que hablan, tanto a extraños como a amigos, de las cargas y tensiones de nuestras vidas”. Las improntas de cualquier experiencia abrumadora permanecen contenidas en el cuerpo como inercia, que queda fijada por la imposibilidad de acceder a los recursos que nos liberarían de ellas, afectado a la capacidad del cuerpo de expresar su salud intrínseca.
Experiencia emocional
Las lesiones físicas pueden estar asociadas con emociones particulares. Si los tejidos se contraen para protegernos de la tensión o el trauma, los sentimientos que tenemos en ese momento pueden permanecer como elemento presente en la contracción. Las emociones fuertes y poderosas como el terror o la desesperanza contribuyen en el desarrollo de la inercia. La impronta de una emoción a menudo juega un papel significativo en el mantenimiento de un patrón inercial. De este modo, un fulcro puede incluir tejidos, fluidos y potencias que se han vuelto inerciales y contener, al mismo tiempo, emociones, sentimientos, creencias y puntos de vista que han quedado igualmente atrapados.
Experiencias congeladas
Aunque es natural e inevitable experimentar sufrimiento en nuestras vidas, este puede quedar atrapado en el cuerpo y continuar mostrándose en ciclos repetitivos como experiencias congeladas, si no somos capaces de liberarnos de ellas. De este modo, cargamos con nuestras experiencias físicas y emocionales como si fuera un equipaje extra que formara parte intrínseca de nuestras vidas. Esto, a menudo, ocurre a nivel inconsciente. Cualquier tensión nueva que tengamos que enfrentar se vera coloreada por nuestro condicionamiento previo. Como es bien sabido, vemos el mundo según el color de las gafas con las que lo estamos mirando. Por ello nuestras respuestas ante situaciones nuevas parecerán un disco rayado, que sigue reacciones preestablecidas que nos mantienen atrapados en el pasado en lugar de permanecer abiertos y movernos en el presente. Como consecuencia de ello, la expresión nuestra matriz original de salud se vera fragmentada.
El papel del tejido conjuntivo
Aunque la inercia psicológica se puede manifestar en cualquier parte del cuerpo, parece que el tejido conjuntivo juega un papel especialmente importante en el almacenamiento de estas experiencias como memorias tisulares. La interconexión de fascias a lo largo del cuerpo ofrece a menudo un medio muy apropiado para el almacenamiento de las energías emocionales atrapadas. Por ejemplo, la rabia contenida puede manifestarse en un diafragma restringido como tensión del plexo solar, que a su vez puede conducir a problemas digestivos y dolor de espalda. La interconexión de las fascias mantiene esta situación. Cuando se accede a estados de equilibrio en los tejidos fasciales, las fuerzas inerciales que mantienen este tipo de contracciones pueden resolverse.
La memoria de los tejidos
Para resumir, podemos decir que nuestras emociones, actitudes y patrones de estructura y función se reflejan, estimulan y mantienen entre si. Las experiencias emocionales y las creencias psicológicas dan forma a los tejidos del cuerpo y estos, a su vez, nos predisponen a expresar ciertas emociones y actitudes. El cuerpo y la mente se sostienen mutuamente. Cuando los pensamientos y emociones fluyen libremente, nuestras experiencias pueden ir y venir sin apegos.

Sin embargo, las experiencias psicológicas repetitivas o que nos sobrepasan pueden volverse inerciales y, de este modo, almacenarse en el cuerpo en forma de memoria en los tejidos. Las fuerzas inerciales que quedan atrapadas pueden mantener las memorias en los tejidos mucho después de que el suceso estresante haya ocurrido. De este modo, las emociones siguen repitiéndose cíclicamente sin llegar a resolverse. Consecuentemente, un fulcro inercial puede estar compuesto por una serie de capas distintas: Contener una contracción que afecta al movimiento de tejidos y fluidos, junto con emociones asociadas que han quedado envueltas en los tejidos y, a su vez, todo ello estar siendo mantenido por fuerzas subyacentes que se han vuelto inerciales A menudo las emociones y actitudes son los elementos que juegan el papel mas importante en el mantenimiento de la inercia de los tejidos. Esta inercia solo se podrá disipar si encontramos los recursos, el espacio y las habilidades para liberar las experiencias atrapadas. El elemento fundamental del tratamiento cráneo sacral reside en crear las condiciones que permitan soltar estas experiencias. Para ello, es fundamental acumular y favorecer la expresión de nuestros recursos intrínsecos. Este proceso en ocasiones implica tomar conciencia de la emoción asociada con la inercia, pero no siempre es necesario. Muchas veces las cosas se disuelven… si estamos preparados para ello.
(Michael Kern (Extracto de su libro “Wisdom in the body- A Craniosacral approach to essential health”, traducido por Tara Blasco.)

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